lunes, 19 de septiembre de 2011

"Xalapa es un manantial de sangre y lágrimas"


Un cielo gris. El aire gélido. Cientos de personas vestidos de blanco aguardaban a la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad en Xalapa. Javier Sicilia, enfundaba la bandera de México, los integrantes de ésta lo siguieron.
El recibimiento de los xalapeños, abrazos y besos como bálsamo al dolor. “No queremos más muertos” Y varias pancartas con el rostro de una niña vestida de uniforme escolar. Su nombre, Gaby Arlene Benítez, desaparecida desde el lunes 14 de Junio. Un número de celular 22898747, de la familia, espera ser sonado con noticias del paradero.
Marcharon todo 20 de Noviembre hasta llegar a Plaza Lerdo, donde los esperaba un contingente de más de tres mil personas. Una Plaza Lerdo llena, que de acuerdo a una ciudadana de nombre Gladis, de 40 años, no se veía tanta solidaridad con un movimiento desde hace mucho tiempo.
Xalapa se hermana, con esta caravana
Durante el trayecto, los vivas se escuchaban. Un camión de aspecto oxidado ponía canciones de esperanza, Manu Chao, Calle 13, Ruben Blades con la canción de los Desaparecidos. Una manta blanca cubría el autobús, pidiendo paz, ni una muerta más, ni un muerto más, la paz es exigir justicia.
Basta de guerra, queremos ya la paz
“Ni cuenta nos dimos, ya estábamos sumergidos en la miseria” refiere una muchacha estudiante de Arquitectura de la Universidad Veracruzana. “No puedo confiar en las autoridades, no puedo confiar en nadie, Xalapa no es segura, vengo a manifestarme en general. En Minatitlán también ha desaparecido gente, y nada sabemos”.
Mucha gente observaba desde sus casas y negocios atónitos el paso de la paz, del silencio, del dolor de los rostros que exigían Justicia en una ciudad de  Xalapa con nubes grisáceas.
Se levantaban banderas verdes, como banderines de guerra. La guerra de la paz.
Ahí viene la Caravana, somos muchos, la lucha sigue y sigue
“Prefiero hacerle caso al rumor que al mismo gobierno” refiere otra estudiante de la Universidad Veracruzana de Letras Hispánicas. “Duarte siempre se va a lavar las manos, negarlo todo, porque tiene el poder en sus manos”. Con el puño arriba y gritando consignas de lucha y pidiendo paz se pierde en la oscuridad que empezaba atenuar.
Mucha gente les aplaudía, como por ejemplo, en la Iglesia San José, donde un grupo de personas al unísono lanzaban palmas de aliento.
La oscuridad aumentaba, las luces se encendían. Cada paso que daban, era un manifiesto contra la oscuridad. En la Galería de Arte Contemporáneo, se prendieron las luces al momento del paso de la Caravana.
El pueblo unido, jamás será vencido
Los caravaneros, iban a paso firme. Ya la noche había absorbido por completo sus cuerpos. En la Plaza Lerdo, no se veía ni un rastro de espacio vacío. A reventar. La gente se agarraba de las manos. Consignas de No Más Sangre se veían en muchos pechos de lugareños.
El recibimiento fue caluroso, los aplausos al unísono enchinaban la piel.
De Norte a Sur, de Este a Oeste, ganaremos cueste lo que cueste
-Quiero una mejor ciudad, como lo era antes, quiero un nuevo futuro, quiero caminar en mis calles y quiero que mis hijos lo disfruten como cuando era pequeño. El atole con el dedo que siempre nos han querido dar, que en Veracruz no pasa nada. No hay ninguna diferencia entre Fidel y Duarte sentencia Hilario, ciudadano originario de Xalapa con 40 años.
Una señora de la tercera edad, de nombre María, vestía un saco color rosado. A pesar de que le cuesta caminar, está ahí parada, porque aún cree en que Xalapa pueda retomar la paz.
Tiene 71 años. Y nunca había visto tanta solidaridad, cosa que la emociona y le da ánimos para seguir reclamando.
Uno de los organizadores que sostiene la manta de protección declara que tuvieron muchos problemas. Por eso no se organizó en Veracruz. Uno de ellos y el principal, es que muchas de las personas que estaban marchando estaban amenazadas por varios grupos que no quiere precisar.
Sicilia, y las víctimas de la violencia, se dirigieron al estrado entre palabras como “Ni nos callamos, ni nos rendimos, llevan en sí mismos, la luz de la esperanza, otra sociedad puede ser posible”. Horacio, les da el recibimiento oficial.
Académicos, teatreros, investigadores, profesores y ciudadanos en general les damos la bienvenida a Xalapa.
Xalapa se hermana, con esta caravana
Un ciudadano explica el contexto a la Caravana. Habla sobre los pactos de gobernabilidad de Fidel Herrera y el desarrollo de la violencia  “Fidel Herrera dejó una deuda ambiental, política social, y económica que los veracruzanos debemos pagar y no estamos de acuerdo”.
“En lo que va el gobierno de Javier Duarte ha crecido la violencia, han crecido los asesinatos, los levantones, las extorsiones, agresiones, perpetrados por sicarios, policías y fuerzas armadas contra personas que no tienen que ver con el crimen organizado”.
-Rompan el silencio para exigir un estado de calidad, que nos proporcione seguridad. Que se nos abran espacio para los debates. No queremos ser daños colaterales de una guerra estúpida. Sumémonos a la Caravana por la Paz. ¡Viva Veracruz!
El primero de la Caravana en hablar fue Daniel Giménez Cacho “estamos aquí para reconstruir la vida, construir la paz, me duele mirar por enésima vez las injusticias  y observar toda la sordera y ceguera gubernamental”.
Unas veladoras están prendidas adornando la tribuna. Abajo un altar en círculos. Niños sostenían mensajes de paz.
Le tocó el turno a María Esther Hernández Palacios, profesora de Literatura, hablar sobre el asesinato de su hija, Irene.
-Nosotros no nos diferenciamos por lo que somos, sino por los muertos a los que cada uno llora y pensé que en México, los muertos y desaparecidos que lloramos hoy, no nos diferencian,  nos unen.
-Xalapa es hoy un manantial de sangre y lágrimas pero sigue siendo un manantial, de angustia y de dolor, de zozobra y de llanto pero un manantial. Todas las familias que hemos perdido un ser querido en esta guerra indigne, bebamos hoy de esta fuente que alimenta nuestra alma, que con nuestros vacíos y muertos damos la bienvenida a Javier Sicilia y a la Caravana.
Vestida de blanco, sus ojos se rompían en lágrimas, su voz quería quebrarse, pero el dolor ahogado era más fuerte y se escabullía entre las palabras de la poeta.
-No queremos más guerras, exigimos la paz, paz para nuestras casas, hijos y nietos, nuestros hijos y muertos. Crános, escúchenos señores del Gobierno. Es el dolor lo que nos vuelve dignos y verdaderos.
-Seis balas que hicieron orificios en el cuerpo de mi hija Irene, se llevaron una parte de mí. El ocho de Junio del año pasado y el dolor sigue siendo tan fuerte como el primer día.
-Mentira que las parimos completas, algo de nuestras hijas permanece en nosotros. Algo que sólo les entregamos cuando dejamos éste mundo, es la ley natural, las madres mueren antes que las hijas.
-Nunca tuve antes ésta conciencia, hasta que a sus 26 años, me la arrancaron. Devolvamos a nuestra ciudad, lo que nos ha dado.
Acabar con esta maldita guerra y devolvernos la paz perdida.
No estás sola, no estás sola, no estás sola
Un mural blanco, atrás del público se alzaba con la leyenda “La paz florece”.
-Buenas noches, hoy estoy feliz, orgullosa de tenerlos aquí. Yo espero que con este recibimiento se le quite el mal sabor de boca, del lugar de dónde viene, aquí lo apoyamos lanza a Sicilia Bárbara Ybarra, madre de Gaby Benítez.
-Yo estoy aquí, porque mi hija está desaparecida, Gabriela ya cumplió más de tres meses y no se nada de ella. Es muy difícil, no voy a parar, no vamos a parar hasta encontrarla. Vengo solicitando mayor apoyo del gobierno del Estado., que abran espacios, lugares donde puedan poner fotografías de nuestros hijos extraviados.
No es posible que cuando vienen campañas políticas, nos llenan todo el Estado de fotografías de gente que no nos interesan, y luego no las quitan.
Rompe en llanto, la gente le aplaude.
Nos llenan de basura nuestro Estado, y nuestros hijos, nuestra sangre no les interesa. Ya lo comentaron, Veracruz es un Estado con muchas deudas. Ya lo dejaron sin dinero, ahora lo están dejando sin hijos.
No estás sola, no estás sola, no estás sola
Quiero mi Xalapa de vuelta
La mamá del twittero, Gilberto Vera Martínez, con las lágrimas en ojos, reclama también: Yo sé que mi hijo no es un terrorista, ni es malo, es un ciudadano de bien, da clases, es maestro, mi hijo quiere mucho a su tierra a su país. Cuando lo fui a ver, me dijo: madre, estoy triste porque estoy aquí.
Libertad, libertad, libertad, libertad
-Le pido al Gobernador que reconozca se equivocó que no le imponga a mi hijo una ley que no está en los libros, soy una mujer de 71 años, he llorado mucho, mi hijo está vivo gracias a dios, y les reitero mi cariño a todos los que han perdido familiares.
Anita Martínez, le refrenda su apoyo a Sicilia, y le da el pésame. Sicilia la abraza, la besa en el cachete mientras los gritos de Libertad se esparcían sobre la Plaza Lerdo.
Los testimonios fueron pasando uno a uno. Hasta que tocó el turno de Sicilia, a quien le entregaron una canasta llena de productos veracruzanos por parte de Xalapa. Como respuesta Sicilia, regaló tulipanes de origami.
Sicilia lanzó su discurso: Gracias, después de todas las cosas desagradables que pasaron al entrar a Veracruz, Ustedes son la seguridad, no nos dejen solos. Tengamos reserva moral. Si perdemos el futuro de nuestros hijos, perdemos el futuro de la nación.
Vayamos hacia delante, no nos suelten. La voz de Sicilia se perdía entre aplausos y rostros de llanto. La plaza Lerdo, se desdibujaba en cuerpos indignados, sin miedo, convencidos. Los rostros de indignación, de dolor, de sensibilidad se denotaban en cada hueco de la plaza Lerdo.
Una bandera de México, nunca dejo de agitarse por las manos de un señor. Enfrente, la bandera del Palacio de Gobierno estaba estática, observando el día que Xalapa se levantó del llanto para exigir paz.
La paz que les arrebataron desde que Fidel Herrera llegó al poder.


lunes, 12 de septiembre de 2011

Control Remoto


Control remoto
Observar las paredes que me vieron crecer alguna vez, una pared blanca, manchada con insumos negros, difuminados. Me paro y pienso cómo todo ha cambiado y cómo esta casa ya no olerá a mi padrino.
Recordar un seis de enero hace más de diez años, cuando llegaba a estas colosales paredes que me absorbían y me asfixiaban de repente.  Verlo, mirarlo sonreír y darle la mano para que me cargara y me dijera: Campeón, tengo algo para ti.
Recorrer el mundo en sus brazos y recordar que la diferencia entre el espacio y el tiempo puede ser un abrazo y un apretón de espalda. Volar de repente, entre los tiliches bien proporcionados en la casa y llegar a un cuarto oscuro, donde una cama se expande y entre las colchas un carro amarillo a control remoto. En ese entonces, los videojuegos apenas se conseguían en casas costísimas de Costa de Oro, y el placer de los carros Hot wheels era la cotidianeidad hasta en las casas de cartón, donde muchas veces no eran hot wheels sino de esos coches que venían en un paquete de seis y se vendían en las papelerías.
En aquel tiempo, las sonrisas se volvían un mercado, abrían las tiendas de juguetería para ricos, para pobres, para clase media y presumir era como una prioridad para entrar en tiempo real. Tus padres decían, hijo, debes ser bueno, pero nunca presumir lo que tienes, para luego escucharlos hablar de viajes, y un chingamadral de cosas pues que los contradecían.
No importa, el hecho de ir en una escuela de paga es que muchas veces, al siguiente día, se vuelve un festín de presunción y tiranía mercadotécnica.
Y es aquí cuando observas en el novenario, la fotografía de tu padrino que se difumina entre un retrato de la Vírgen de Guadalupe, a la cual le dedicaba fiestas enormes con mariachis y tacos, y una veladora de lirio Pascual o cómo se llame.
Sonriendo, entre su bata blanca porque es doctor, y llegas, arribas a la casa y todo está en silencio, tu padrino se ha ido y solo queda la fotografía, y escuchas los rezos católicos y entre rezo y rezo te da náuseas porque son como ladridos de perro que se pierden en la atmósfera cuando tienes ganas de ir al baño. Si no les ha pasado, qué bueno, es horrible, porque los ladridos se adentran entre el tímpano y los demás aparatitos que nos hacen escuchar lo que no queremos y lo que queremos y cuando no queremos, el estómago se revuelve como una licuadora industrial.
Observar a tu madrina perdida, maldiciendo el día, con las piernas temblando, con el cuerpo delgado, mil veces más delgado desde la última vez que la visitaste, y su voz apenas denotaba sonrisas. Las enfermedades que siempre los agobiaron, pero que nunca la vencieron porque el amor era más grande, vaya que tenían un carnaval de enfermedades ambos, compartían hasta las enfermedades, compañeros de vida más de cuarenta y cinco años y construir un pequeño palacio de hijos, nietos y bisnietos era el resultado, el bálsamo a todas las adversidades.
Ya de por sí la casa, se había silenciado porque su hermana, su siempre compañera se había muerto una tarde de domingo, cuando descansaban, cayó al hospital y fue muerte instantánea a través de una enfermedad rara.
Salieron juntos, no cumplía ni el año, estaba próximo pero todavía se podía, se soñaban viajes como los que hicieron a Guatemala, Disneylandia, París, Tierra Santa, éste el último donde te trajeron arena que guardas en casa, y el último para ellos, que su oficio de maestra y oficio de doctor, les permitió recorrer parte del mundo.
Sigues observando, y escuchando; mi viejito, se me fue mi viejito, no se qué haré; y viene a tus brazos y ni ganas tiene de abrazarte, se te lanza para que la abraces, y lo haces, pero su cuerpo es tan frágil que no lo haces tan fuerte y se escapa como se escaparía el agua al querer atraparla y se dirige a otra persona, y parece caerse, pero no, y sigue diciendo: mi viejito, ya no será lo mismo sin él.
Se ha quedado sola, y me digo que será difícil, mi madre dice que no tardará en irse, la tristeza nos mata y nos lleva a lugares inimaginables, inalcanzables como la muerte y su manto aperlado.
La muerte, esa inefable que nos recuerda que somos un suspiro, un abrazo de la vida, una mirada perdida, carne en movimiento. Tenemos el amor, la esperanza, la fe, la amistad, la hermandad, pero todo se muere, la muerte nos vence, es la gran vencedora, siempre nos da una vida de ventaja.
Imaginas el féretro, una semana antes cuando estabas en casa, escribiendo y escribiendo pero ignorabas su muerte, pues te enteras a media semana y tus actividades no te permiten asistir hasta el domingo.
Te aburren los rezos, esa es otra razón, pero en esta ocasión es lo que menos importa. Te sigues moviendo y la escuchas, tu madrina pasa frente a ti, perdida entre sus pasos, se dirige a levantar la cruz. Otra vez, otra vez no dice y su voz se apaga como se apaga la veladora que lleva la rezandera en mano.
Vuelven a prender la vela y entre los rezos, se levanta la cruz y el calor supera los cuellos y los envuelve en un mar de sopor incontable.
Aplauden a su memoria, y ves a tu madrina que con una sonrisa quiere tapar todo su dolor, lo intenta y algunos se lo creen, pero yo no, y uno como joven no sabe que decir en esos momentos, tus discursos existencialistas y filosóficos no sirven para quienes creen en seres supremos, o en tradiciones orales de las que no te sientes parte. La poesía tampoco serviría, ni la música, apenas los abrazos reconfortan.
Y entre aplausos y aplausos, empiezas a recordar la voz de tu padrino y el carro amarillo de control remoto, y su risa que rompía cuando se embriagaba con tu padre y hablaban de los viajes que te pagarían al extranjero.
Hoy tu padre, no está, quién sabe dónde está, los abogados nacen y mueren en los tribunales. Y tu madrina llora, sigue llorando aunque las lágrimas no le salen, pero miras como son invisibles y se pierden entre el refresco Sprite que se bebe.
Me gusta mucho el Sprite hijo, y te sonríe, le sonríes, pero no sabe qué decirte, y se va, se escapa para despedir a la gente que llegó.
Te sientes junto a tu madre y tía, y unos señores de edad avanzada que platican entre ellos. Todos hablan y te pierdes entre los puntos negros del mosaico del piso. Lo comparas con el Universo y las cosas que no entiendes, te vuelves una partícula de polvo que nada entre los mosaicos.
La voz de tu madrina interrumpe tu trance, pero sigues pensando en la muerte, en la pólvora, en los gritos, en los gritos de Akas cuarenta y siete, del peligro de ser reportero, de la gente que ha muerto, de los hechos fortuitos, de que la vida es eso, un suspiro de bala.
Una lágrima se discurre entre tu ojo izquierdo, mientras la veladora a tu padrino se apaga. Te acercas a prenderla, y miras que observa desde lejos, sientes que te abraza.
Mijo, tengo algo para ti. Recuerdas el carro amarillo de control remoto y cómo viajabas en primera fila sobre el mundo.
Una mano te toca el hombro y esta vez, tu padrino se ha esfumado. Es tu madrina que llora, sus ojos te recuerdan a una tumba fría.
Y es cuando las paredes blancas se hacen enormes y empiezan asfixiarte; las paredes ya no huelen a tu madrina tampoc

Allá arriba están los Dioses del Olimpo

Por Juan Eduardo Flores Mateos/Crónica
Publicado en Notiver
19 de Agosto 2011
Las porras universitarias inundaban la intemperie mientras un grupo de señores conversa reflejando algarabía en sus rostros, privatizando las sonrisas y extendiéndolas sobre el ambiente universitario del Campus Mocambo. La bienvenida de los jóvenes de nuevo ingreso se manifiesta sobre el área del lago, punto céntrico entre las cuatro Facultades que integran el recinto, Contaduría, Ciencias de la comunicación, Pedagogía y Odontología.

Uno de los señores se desenvuelve sosteniendo un vaso del café La Parroquia, obsequiado en una camioneta blanca con roja que se disipa a lo lejos, junto a uno de los accesos que desembocan a la tarima donde minutos antes se animaban con música a los muchachos de nuevo ingreso.

Es el coordinador del SEA Veracruz, Carlos Quiroz, su alegría supera a los demás. Delgado, lentes oscuros sobre su tatema cubierta con un pelo de tonos grises, una guayabera de lino blanca, pantalón gris y unos zapatos oscuros Polo con suela beige, extiende un comentario en tono de burla mirando a sus compañeros de trabajo:

“Acá estamos los mortales, allá arriba están los dioses del Olimpo” acompañado de la carcajada del grupo, exacerbando la alegría preestablecida.

Se refería a los cuerpos vestidos entre tonos claros, y apelmazados en unas sillas grises sacadas de algún aula sobre la tarima; Raúl Díaz Diez, delegado de Educación en Veracruz; Enrique Levet Gorozpe, líder del sindicato de maestros FESAPAUV, Adolfo Mota Hernández, secretario de Educación, el rector Raúl Arías Lovillo, y los directores de las Facultades que conforman el campus: Rocío Ojeda Callado, Miguel Ángel Díaz, Celia del Pilar Garrido Vargas y Aurelio Vázquez Ramos.

A la par, Liliana Betancourt, vicerrectora del campus y parte del presídium, daba las palabras institucionales exaltando el orgullo universitario.

-Jóvenes, créanlo, sean jóvenes están aquí, son universitarios.

Bajo la tarima, algunos estudiantes escuchaban atentos, otros platicaban entre sí ignorando.

Atrás,  Levet Gorozpe cuchicheaba con Adolfo Mota, Raúl Díaz Diez volteaba y volteaba hacia sus lados, como buscando el calor que le sofocaba el rostro. Encuentra una mirada, un señor de complexión regordeta, , al cual le sonríe y le muestra el pulgar hacia arriba como signo amistoso. Éste, sosteniendo una playera blanca estampada con signo de una flor de lis sobre el hombro, le responde el saludo.

A lo lejos, se escucha una plática de jóvenes de semestres avanzados que exclaman:

-Qué bueno que no vino Duarte

-Sí, con todo esto que está pasando, lo mejor es que no haya venido

La vicerrectora termina su discurso, para otorgarle el micrófono a una alumna de Comunicación del séptimo semestre, que lanzaría otro discurso motivacional e institucional sobre las cualidades de la Universidad Veracruzana.

Al finalizar las palabras de la alumna, algunos jóvenes se esparcieron hacia uno de los accesos, alejándose como queriendo no escuchar. Un ¡qué viva la Universidad Veracruzana!, fue lanzado desde el micrófono, el aplauso protocolario sobrevino.

Inmediatamente el desfile de guayaberas políticas caminó hacia un lado donde los esperaban los reporteros, y así poder lanzar su mejor discurso. Las cámaras y los micrófonos eran como un imán que atraía metales. Los funcionarios, o los dioses del Olimpo como calificó el director del Sea eran los metales.

El economista Quiroz, repitió el chiste, como por ejemplo, con un grupo de maestras del Centro de Idiomas al momento de referirse a una señora, “tú y yo deberíamos haber estado ahí, pero no, yo estoy con el pueblo, allá arriba están los inmortales”. Las carcajadas acompañaron el comentario como si fuera su pareja de baile en algún danzón.

La presentadora irrumpió para avisar que vendría un colectivo de danza. El bullicio volvió a enardecer con gritos y porras como al principio, antes de la llegada de los funcionarios.

Tras la tarima, veintinueve personas estaban formados para tomarse un café La Parroquia cortesía de la Universidad, otros iban por pambazos, otros gritaban y platicaban, sonreían imitando el vivaz brillo verde del pasto que pisaban, mientras los gritos y el ruidejo emanado del bafle negro se entremezclaban para continuar el recibimiento a la generación 2011.

Llegan becas de Papel


Llegan becas de papel
Publicado en Notiver
Sábado 10 de Septiembre 2011
Juan Flores Mateos
Ludín Morales Escobar, originario de Mendoza y estudiante de la Facultad de Comunicación, regresa a casa después de una semana ardua de trabajo escolar. Es 3 de Septiembre, su mamá, le entrega una carta membretada por el Gobierno Federal y fechada el 1 de Septiembre
La abre y encuentra un mensaje del Presidente Calderón, donde por motivo del Quinto Informe de Gobierno le “alegra saludarle y felicitarle” enérgicamente. En la carta, además, menciona el discurso institucional dónde resalta los 6 millones de niños y jóvenes con una beca, las 96 Universidades que se han construido además de los 800 bachilleratos.
Por si fuese poco, se vanagloria de que cada uno de cinco estudiantes cuenta con el Programa Nacional de Becas para la Educación Superior (PRONABES), de donde Ludín, forma parte desde el año 2009.
Enojado y fuera de sí exclama: ¡Qué descaro! me llega una carta de felicitación de Calderón por ser beneficiario de PRONABES y a la beca no le he visto ni el polvo.
Y agrega: para mi es irónico, nos tratan como limosneros.
El viacrucis de Ludín
En el año 2009, Ludín concursa para el periodo 2009-2010 al igual que otros universitarios, para una de las becas PRONABES que otorga la Universidad Veracruzana a través de la Federación y es “”uno de los cada cinco estudiantes que quedan.
Para entonces llevó todo el papeleo necesario, como credencial de elector, estudio socioeconómico, papel de ingresos no comprobables para poder recibir la beca en su cuenta Scotiabank.
Una de las principales razones por las que Ludín pierde el tiempo en el papeleo burocrático del Programa, es para apoyar a su mamá, quien es enfermera del IMSS, madre soltera y además, mantiene a su otro hijo que estudia Bachillerato.
En el ciclo 2010-2011, Ludín renueva la beca y vuelve a quedar.
Morales Escobar, quien incluso, lleva un programa cultural para fomentar la literatura y el talento universitario llamado Café Mul en Casa de Cultura de Mendoza y en la Facultad de Comunicación, viaja cada fin de semana a su lugar de origen, para ayudar a su madre en las labores del hogar.
El descontento de Ludin es enorme, porque le adeudan diez mil quinientos pesos aproximadamente correspondientes al ciclo 2010-2011 que se perdieron entre los bolsos de un fantasma llamado incertidumbre. Es decir, el primer semestre sólo le pagaron 5500, y le adeudan 2500. En el segundo semestre le adeudan los 8000 pesos.
Antes de la llegada de la carta presidencial, Ludín Morales Escobar mandó un correo electrónico el día 26 de Agosto de 2011 a: pronabes-ver@hotmail.com con el asunto: ¿Cuándo llega nuestra beca? Y el siguiente mensaje:
“Aún nos deben 2,500 del semestre pasado y los 8mil de este semestre, 

hay anuncios de becas y de la nuestra... nada,

 necesitamos dinero para nuestro material del semestre,

 para pagar renta de nuestras pensiones”.

El día 31 de Agosto le contestaron la misiva electrónica con lo siguiente:

Buenos Días,
Se le comunica que por parte de la Coordinación Operativa del PRONABES-VER, se encuentra todo listo para realizar el pago, únicamente se esta(sic) a la espera de recibir la aportación pendiente, en cuanto se reciba se efectuarán los pagos correspondientes. Desafortunadamente, no hay una fecha exacta que le pueda manejar.

ATENTAMENTE
PRONABES-VER 

El joven estudiante al leer esto, lanzó una sonrisa al vacío, nunca supo si fue por nervios o como reacción al cinismo.
Ludín, a la espera
Ludín cuenta: Se supone debieron haberme pagado 2500 que me adeudan desde el semestre pasado, pues sólo me pagaron 5500 y eso ya casi a lo último, más o menos por diciembre al más puro estilo de aguinaldo. Y en este semestre, no me han pagado los 8000 pesos que me corresponden.
Es un dinero que necesita. Ludín Morales Escobar tiene promedio de 9.4 y se gasta a la semana aproximadamente 600 pesos. 264 pesos de su viaje ida y vuelta a Ciudad Mendoza, 150 en comidas y entre 100 y 140 en otras cosas como material escolar, artículos de uso personal y a veces, camiones. Apenas le alcanza para subsistir.
Ludín sostiene la carta gubernamental para ver si encuentra algo que pueda sacarle de su enojo. Calderón resalta las 6.5 millones de familias beneficiadas en el Programa Oportunidades y que la salud de 100 millones de mexicanos ya está protegida. Esto, al joven estudiante, no le sirve de nada.
No sabe si reír, o llorar. Hasta el 7 de Septiembre de 2011, la última vez que checó su cuenta en Scotiabank, tenía los 30 pesos que dejó desde finales de Julio, cuando cursó el último semestre.
Treinta pesos que no le sirven ni para el libro, La rebelión de la granja de George Orwell que necesita para exponer en unos días.
Nota: El día 8 Jueves a las 14:32 hrs, Ludín Morales Escobar recibió la sorpresa que le habían depositado de parte de PRONABES 900 pesos al checar su cuenta. Adeudándole aún 9600 pesos aproximadamente.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Dos minutos.


Son las tres dieciocho y un suspiro interrumpe la Biblioteca donde te encuentras sentado pero nadie lo escucha. La Universidad aglutina este edificio que es asediado por las mismas gentes a una hora determinada. Después de las siete de la noche, un perdido entre sus deberes, puede llegar y poblarla. La Biblioteca llora después de las siete y sus libros prácticamente se vuelven una mezcla de silencio y soledad.
Otra vez ese suspiro en la tarde. Hay jóvenes acurrucados en bancas grises que intentan concentrarse pero no pueden evitar hablar de lo que harán en unos instantes, pero no me refiero a la inmediatez, sino a lo nocturno. Es Jueves, y hay que beber porque este mundo no da pa más y hay que vivir chupando.
Una botella de agua me acompaña, la cual bebo tranquilamente y empiezo por supuesto, con un vacío que ni todo el líquido acuoso Bonafont podría llenarlo. Es como querer intentar inflar un globo con agua y creer que nunca podrá romperse.
Los silencios me llevan hasta un lugar en la carretera, donde una muchacha reportera viaja con mis suspiros en una Caravana que busca convencer a un país sepultado entre la sangre y la indiferencia. Pero leer comentarios en internet te rompe el alma y te saca las lágrimas hasta imaginar tu cuadra rodeada de fuego y sonido de granadas.
Dos días antes, la imaginabas, pero te adentrabas en el barrio para terminar de sacar la historia de la Lucía y la Chivis, dos muchachas adineradas que gustaban de la coca y la mota. Amanecieron embolsadas en la esquina de un autolavado.
Eran tiempos donde la mafia local, aún controlaba la ciudad. Los medios, la policía, las instituciones locales como Tránsito e incluso las calles aledañas al Palacio Municipal, donde curiosamente a dos cuadras de éste, dos dealers vendían droga descaradamente y apenas, dos días antes de este monólogo, eran asesinados junto con el oficial que los protegía.
Las cosas en Veracruz han recrudecido, y por supuesto, los muertos han superado las expectativas de un puerto que ama el baile y lanzar sonrisas a extraños. Veracruz, un rinconcito donde hacen su nido las olas del mar, parece cantar Agustín Lara mientras encuentro que, éstas muchachas fueron comelonches y se habían culeado al muchacho de dieciséis años que vendía en el punto.
A éste me lo desaparecieron y dicen los que saben, lo quemaron en ácido porque “sestaba pasando de verga”. Vendía droga, pero regalaba a las muchachas que se quería culear y para su infortunio, la técnica regularmente le fallaba. Le decían El Charly, y era oriundo de un barrio en los suburbios que es denominado pobre e incluso es víctima de burlas entre los chamacos del Barrio que habito.
Las historias de éste tipo de muchachos suelen resultar un poco curiosas, porque de acuerdo a mi primo, que habita uno de los Barrios más pesados de la ciudad –Las Brisas- dicen amar su barrio, pero lo rentan a los cárteles de la Droga e incluso, el barrio se prostituye más veces que la prostituta más vieja y más culeada de todos los tiempos.
Entrar como vendedor, halcón, central, es un fenómeno entre los morrillos entre 14 y 17 años que, al ver que la educación Secundaria y Bachillerato no le sofrece fama, poder o respeto, prefieren trabajar en casas dónde Edgar Allan Poe se suicidaría, y ni Bukowski podría respirar porque los huevos se les harían bien pinches pequeños de tanta depravación que suceden en las casas de Seguridad.
Los olores son mefíticos y ahogan como ahogan las pozas a los tlaxcaltecas, poblanos y chilangos en Semana Santa. Es algo así como una comparativa entre la competencia para ver de qué barrio se mueren más, así como para ver de qué estado se mueren más y cómo dice mi primo: Es una lástima, a dónde caemos con todo esto del sentido de pertenencia.
Mi primo no es ningún pinche santo, se embriaga los fines de semana y le encanta meterse mota de vez en cuándo. Pero la ha dejado, no acude a los puntos y si fuma, es porque sus cuates tienen. Le han dicho que cada cigarro que se fuma está lleno de sangre y sesos, y que hace mucha crítica pero que no pone el ejemplo.
Mi primo dice que se vayan a la verga, al final, cuando un grupo como el que habita Veracruz controla todo, hasta el dinero que sale de los bancos y la cerveza que se venden en los establecimientos, también los controlarían. Esto es un problema de indiferencia dice, todos somos culpables, porque siempre fuimos indiferentes.
Que todos somos culpables, unos más que otros, pero todos y es que nadie quiere asumir su responsabilidad y en México pasa así: Hay una Caravana que danza sobre las calles con la intención más noble de reclamar los gritos ahogados de las víctimas pero todos lo critican por “mesianismo” mientras se chingan una coca cola y esperan el partido del América o de la Selección Nacional.
Y es aquí cuando me pongo a pensar, estoy rodeado entre gente que no asume su compromiso, entre gente que lo asumió y está muerta o mutilada, entre personas que lo asumieron cuando les mataron a un familiar. ¿En realidad tiene que ahogarse la niña en el pozo para entenderlo? No estoy de acuerdo.
Como mexicanos siempre hemos sido razistas con nosotros mismos, y nos insultamos para luego chupar juntos los días 15 de Septiembre o 24 cuando es Navidad. Estas fechas desde hace tiempo me dan náuseas porque todo se vuelve hipócrita, gente que nunca te habla y te mira con desdén, te invita a su Fiesta Mexicana para llenarla. No tiene que ser una regla general, ni unaLey como la de Newton, pero más o menos así las cosas, cuando de repente, observo alrededor y la biblioteca se ha vaciado.
No hay nadie, volteas, y tu mente sigue preguntando por la muchacha reportera. ¿Dónde estará, en Iguala, Chilpancingo? Y entonces imaginas su nariz sobre tu pecho, imaginando el universo desfragmentarse entre el verde de sus ojos.
Miras un libro, lo abres, terminas de leer el párrafo que necesitabas para culminarlo. Lo cierras, para leer un poema:
Tengo lo necesario para un libro de tristezas. Tengo lo necesario para llorar y no tengo lágrimas.
Y a lo lejos, observas un libro roto y olvidado encima de una mesa, esperando a ser abierto, como la paz.
Y repentinamente, no sabes por qué, pero te pones a llorar mientras el silente ruido de la biblioteca se apodera de tus tenis. Tus labios quieren recitar poesía pero sólo emerge aire vacío de soledad, al ser las tres veinte de la tarde y recordar que no has comido.

jueves, 4 de agosto de 2011

Ruido de puerto


¿Dónde se han ido los ruidos
las calles
repletas
de alegre
vivencia
por las alcantarillas se han ido
por las armas, por la vida
se han ido muriendo
con enfrentamientos supinos
que atienden
poder, el poder, el bendito poder
ha absorbido el aire
el mar,
y sus centros
tan vastos que alcanzan
lo inefable, lo inhóspito, lo dulce
de un pueblo que se levanta en chanclas
después de caguamas en la panza
inflada.
Se han ido muriendo, muriendo allá lejos
Ni el faro lo sabe
Se pierde entre penumbra
Entre destellos ahogados
De pólvora que rompe
Oídos y el habla.
Y el miedo ha llegado, asfixiando los ruidos
Alegres, alegres, alegres
De las risas que convergen
En un puerto que ha dejado sus calles vacías
En un puerto secuestrado por rifles
Por miedo, por miedo.
Se han ido los ruidos entre los dientes del miedo, entre sus encías de perro
Se han ido, se han ido acabando los resquicios del pueblo
del pueblo.
Se han ido, se han ido
¿dónde se han ido?
Quién sabe, allá lejos
Dejando un pueblo
Vacío de calles
Desiertas.
Se ha ido, se han ido
Todos Nos fuimos.

Perillas

Viñetas inconclusas.



Perillas.
Lluvia cae y se dispersa. Encerrado en tu habitación escuchas que se destruye y expande entre las fauces de la nada. La nada es aquello que abunda en todo y a la vez en nada. ¿Pero qué es la nada? La nada es lo que cae y se rompe, ese resquebrajamiento del universo, que lanza sus tripas por algún abrevadero estelar. Los barandales fríos afuera combinan con el azul de la pintura de una pared derruida, quieres tocarlos pero estás encerrado con llave. A través de la ventana, se depositan algunas gotas sobre el barandal. Quieres tocarlo, pero no puedes, ríes y te echas a llorar. Jalas con fuerza la perilla. Imposible. Tus manos repletas de sangre. Tus pupilas se dilatan al percatarte de ello. Das vueltas en círculos, te llevas las manos a la boca, al pelo, te los jalas e imaginas arrancártelos. Sigues caminando, nunca has dejado de ver el piso. Alzas la cara, todo es un desorden. Como el universo, sí, un universo de tiliches que no se distinguen y pierden su forma cuando los alcanzas con la vista. Tu vista se nubla, empiezan arderte las córneas, empieza a oscurecerse todo. Tus manos sientes que se quiebran y queman en ácido. Tu pelo, empieza a pulverizarse. Quieres salir, pero está cerrado con llave. Tratas de abrir otra vez, irte, tocar esos barandales, los fríos barandales de acero, donde la lluvia cae y se dispersa. Vuelves la mirada. La televisión, prendida en una armonía de colores. No hay imágenes, de repente, se pone gris, no tiene señal. Volteas, volteas y no hay nada, sólo el desorden de abstracciones llamadas cosas. Empiezas a percibir el olor de la sangre. Intentas irte por tercera vez, no puedes.
Un cuerpo, hay un cuerpo destazado. Las extremidades apartadas del torso, y la sangre seca mezclada con el olor de la vieja habitación. Te ríes, gritas, te pegas la cabeza contra la pared tres veces hasta desmayarte.
Te levantas, frotas el derredor de los ojos con tus pequeños dedos. Están fríos. Volteas rápidamente. Sigue lloviendo. Te levantas, y observas el barandal gélido con residuos de sangre seca.
Tiras una carcajada con la lluvia de fondo. Te ríes del barandal frío, de tu estupidez al pegarte. Abres la puerta de la habitación. Hay una luz prendida en el baño. Avanzas hacia esa puerta. Todo está en orden. Retrocedes un poco, se te olvidó algo. Vas de nuevo hacia la puerta de entrada. Tratas de abrir la perilla, pero no puedes, es imposible. Te quedas contemplando la lluvia a través de la ventana, escuchando como se va rompiendo el pinche universo.